Cuando aparecen costras, pérdida de pelo o pequeñas heridas en las orejas de un perro, la leishmaniosis puede estar entre las causas, pero no es la única. En este artículo explico cómo suelen ser las lesiones auriculares, qué enfermedades pueden confundirse con ellas, qué pruebas necesita el veterinario, cómo se trata al perro y qué medidas reducen el riesgo en España.
Las lesiones en las orejas pueden ser una primera señal de leishmaniosis
- Aspecto habitual: alopecia, descamación, costras, pápulas, úlceras o sangrado en el borde de la oreja.
- No basta con mirar: una lesión auricular no confirma por sí sola la infección por Leishmania infantum.
- Diagnóstico completo: suele combinar exploración, serología cuantitativa, análisis de sangre y orina, PCR, citología o biopsia.
- Tratamiento: depende de la fase clínica y del estado renal; puede controlar la enfermedad, pero las recaídas son posibles.
- Prevención: los repelentes frente al flebotomo y la vacunación, cuando están indicados, deben valorarse junto con el veterinario.

Qué aspecto tienen las lesiones en las orejas del perro
La leishmaniosis canina está causada principalmente por el parásito Leishmania infantum, transmitido por la picadura de flebótomos infectados. En la piel de las orejas puede producir descamación, enrojecimiento, pérdida de pelo y costras, sobre todo en la cara interna o en los bordes del pabellón auricular.
También pueden aparecer pequeñas pápulas, engrosamiento de la piel, erosiones y úlceras que sangran con facilidad. En algunos perros la lesión es discreta y seca; en otros, las heridas se agrandan porque el animal se rasca o sacude la cabeza. Las puntas de las orejas son especialmente vulnerables porque tienen poco pelo y reciben más traumatismos.
Lo que más puede confundir es que la infección no siempre empieza con síntomas generales. Una lesión localizada en la oreja puede preceder durante semanas o meses a la pérdida de peso, el cansancio, el crecimiento excesivo de las uñas o la inflamación de los ganglios. Por eso no conviene esperar a que aparezcan muchos signos para pedir una revisión.
Señales que aumentan la sospecha
- Heridas o costras que no mejoran con cuidados básicos.
- Pérdida de pelo alrededor de las orejas, los ojos o el hocico.
- Descamación abundante, con aspecto seco o plateado.
- Úlceras en el borde de la oreja que sangran de forma recurrente.
- Ganglios aumentados, adelgazamiento, apatía o intolerancia al ejercicio.
- Uñas muy largas y curvadas sin una explicación clara.
Una herida en la oreja no siempre es leishmaniosis
Las lesiones auriculares tienen muchas causas y la apariencia por sí sola no permite distinguirlas con seguridad. La otitis, las alergias y los ácaros son explicaciones frecuentes, especialmente cuando el perro se rasca, desprende mal olor o acumula secreción dentro del oído.
También deben considerarse la dermatofitosis, la demodicosis, las infecciones bacterianas o por levaduras, las picaduras de moscas, los traumatismos y algunas enfermedades autoinmunes. En perros mayores, una lesión que crece, sangra o no cicatriza puede requerir además descartar un tumor cutáneo.
| Signo observado | Otras causas posibles | Qué orienta hacia una revisión veterinaria |
|---|---|---|
| Costras y picor intenso | Ácaros, alergia, otitis o infección secundaria | Si afecta a ambas orejas o persiste más de unos días |
| Pérdida de pelo y descamación | Leishmaniosis, hongos, demodicosis o seborrea | Si también hay lesiones en cara, codos o extremidades |
| Úlcera en la punta de la oreja | Traumatismo, vasculitis, picadura de insectos o leishmaniosis | Si sangra, aumenta de tamaño o no cicatriza |
| Secreción y mal olor | Otitis externa bacteriana o por levaduras | Si el perro inclina la cabeza o muestra dolor |
Mi consejo es no aplicar alcohol, agua oxigenada, aceites esenciales ni cremas humanas. Pueden irritar la piel, retrasar la cicatrización o enmascarar los signos que el veterinario necesita valorar.
Cómo se confirma la infección
El veterinario suele empezar por una exploración completa, no solo de la oreja. Revisará la piel, los ojos, las uñas, los ganglios y el estado corporal, y preguntará por viajes, residencia en zonas endémicas y uso de repelentes. La localización del perro y su historial importan tanto como la lesión.
La prueba más habitual es una serología cuantitativa, que mide los anticuerpos frente a Leishmania. Un resultado con títulos altos y signos compatibles puede apoyar mucho el diagnóstico, pero los títulos bajos necesitan interpretarse con otros datos. Una serología negativa tampoco descarta por completo una infección muy reciente o una respuesta inmunitaria débil.
Para completar el estudio pueden solicitarse citología de la lesión, biopsia, PCR, hemograma, bioquímica y análisis de orina. La valoración renal es especialmente importante porque la enfermedad puede causar proteinuria o daño en los riñones incluso antes de que el perro parezca gravemente enfermo.
Una fotografía puede ayudar a seguir la evolución, pero no sustituye a las pruebas. Si la herida cambia rápido, sangra o se acompaña de apatía, vómitos, mucha sed o pérdida de peso, yo no esperaría a que cicatrizara por sí sola.
Qué tratamiento puede necesitar el perro
El tratamiento se decide según los síntomas, la carga parasitaria, los resultados de laboratorio y la fase clínica. Los protocolos veterinarios suelen combinar fármacos con actividad frente al parásito y medicamentos de apoyo, pero no existe una pauta única válida para todos los perros.
En casos clínicos se utilizan, según la valoración profesional, combinaciones como alopurinol con miltefosina o con antimoniato de meglumina. La duración puede ser de varios meses, con frecuencia entre 6 y 12 meses o más, y requiere controles para vigilar la respuesta y posibles efectos adversos.
Las heridas de las orejas pueden necesitar limpieza específica, control del dolor y tratamiento de infecciones bacterianas o por levaduras que se hayan añadido. El objetivo no consiste únicamente en cerrar la úlcera, sino en controlar la infección y detectar si hay afectación interna.
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Por qué puede haber recaídas
El tratamiento suele mejorar mucho la piel y el estado general, pero no siempre elimina todos los parásitos del organismo. Las recaídas pueden aparecer meses o años después, por lo que los controles no deberían terminar en cuanto desaparecen las costras.
Durante el seguimiento pueden repetirse la exploración, el análisis de sangre, la orina y la serología. En perros tratados, las revisiones cada 3 o 4 meses durante el primer año pueden ser razonables cuando así lo establece el veterinario, sobre todo si existían alteraciones renales o una enfermedad avanzada.
Cómo proteger al perro frente al flebótomo
La prevención se basa en reducir las picaduras del flebótomo, un insecto pequeño parecido a un mosquito que suele estar más activo al atardecer, durante la noche y en los meses cálidos. En España, la protección es especialmente importante en muchas zonas mediterráneas, aunque el riesgo también depende de los desplazamientos y de la situación local.
- Usar un collar o pipeta con acción repelente frente a flebótomos, siempre según la especie, el peso y las indicaciones del producto.
- Respetar las fechas de renovación, porque una protección caducada deja al perro expuesto.
- Evitar que duerma al aire libre durante las horas de mayor actividad del vector.
- Instalar mosquiteras de malla fina si pasa la noche en una zona con riesgo.
- Valorar la vacunación con el veterinario, sabiendo que no sustituye al repelente.
- Realizar revisiones periódicas aunque el perro no tenga síntomas visibles.
Un perro infectado no transmite la enfermedad directamente por acariciarlo, compartir la casa o convivir con otros animales. El riesgo está relacionado sobre todo con el flebotomo que pica a un animal infectado y después a otro hospedador. Por eso la prevención protege al propio perro y también ayuda a reducir la circulación del parásito.
En perros diagnosticados, no se debe improvisar con repelentes, suplementos o tratamientos preventivos. Algunos productos no tienen eficacia demostrada frente al flebótomo y el uso incorrecto de medicamentos puede favorecer efectos adversos o resistencias.
Cuándo llevarlo al veterinario sin esperar
Una costra pequeña puede deberse a un arañazo, pero conviene pedir cita si no mejora en pocos días, reaparece o se acompaña de caída de pelo. La consulta debe ser más rápida si hay sangrado persistente, dolor, pus, mal olor o una úlcera profunda.
También recomiendo no aplazar la visita cuando aparecen varios signos a la vez, como adelgazamiento, ganglios aumentados, uñas excesivamente largas, cansancio o cambios en la cantidad de agua que bebe. Las lesiones de las orejas pueden ser solo un problema dermatológico, pero a veces son la pista visible de una enfermedad que también afecta a otros órganos.
La clave está en actuar pronto y confirmar la causa antes de tratar. Una oreja con costras no permite diagnosticar leishmaniosis por sí sola, pero sí puede ser una señal suficiente para revisar al perro de forma completa.
Una oreja vigilada puede detectar antes un problema serio
Revisar una vez por semana el borde y la cara interna de las orejas ayuda a detectar cambios pequeños antes de que se conviertan en úlceras dolorosas. Yo prestaría atención a cualquier zona sin pelo, a la descamación nueva y a las heridas que vuelven siempre en el mismo punto.
Si el perro vive o viaja por una zona con flebótomos, combinar observación, controles veterinarios y protección repelente ofrece mucha más seguridad que confiar en una sola medida. La prevención constante y un diagnóstico temprano marcan la diferencia en la evolución de la leishmaniosis canina.